El chisme del día - por Tinki Winki

AZUL Y GRANA-TA

El cantante mexicano, Cristian Castro, dio una serie de conciertos en la Capital Federal y por el interior del país. Pero la sorpresa se la tuvo el público rosarino cuando "el Chaparrito" subió al escenario a una de las mediáticas que más creció profesionalmente en el último tiempo: Amalia Granata. Parece que Cristian ya le había hechado el ojo en un programa de TV y la invitó a cantar su famoso tema "Azul" junto a él. ¡Pobres oídos de las fanáticas!

Saluditos de los más famosos

Las huellas de la fama


Desde la entrada que conducía a la calle, ingresaban un par de hombres robustos cargando estructuras de madera. También equipos de sonido, consolas y un atril para apoyar partituras. Todos los invitados al casamiento miraban expectantes mientras degustaban el lomo con papas y se preguntaban cuál sería la sorpresa siguiente.

El salón se encontraba tenuemente iluminado, pero aún así, se podía distinguir quién era la figura que iría a entretener a la gente durante la próxima hora y media. Nicky Jones no hizo ninguna entrada triunfal ni se hizo esperar. El propio artista acomodó con notable paciencia las anotaciones y letras de canciones y preparó la consola de sonido que utilizaría durante todo su show. No dudó en apretar el botón de "Play" para comenzar a hacer una regresión instantánea a la década de los '60 y provocar el asombro generalizado y hasta la risa.

Nicky Jones empezó desafinando cada una de las notas que procuraba entonar, pero no tuvo éxito. Al ritmo de Bienvenida Primavera, Los nenes con las nenas, Zapatos rotos, La balsa y muchas otras canciones, la gente salió a bailar a la pista sin importar que el showman casi ni se movía. "¿Tiene una mano ortopédica?", dijo un invitado asombrado debido a la escasez de mímica y la rigidez de su cuerpo. La sorpresa llegó cuando todos creían que ya habían escuchado lo suficiente, pero no fue así. Repentinamente, la música paró de sonar y el pseudo hawaiano nacido en Capital informó que faltaba una tanda más de sus covers.

Nicky terminó su "segundo tiempo" al ritmo de Color Esperanza, pero con un detalle que le dío un toque diferente a la ya trillada canción. Pidió que los invitados levantaran sus servilletas y "le hicieran porras", mientras él, en un gesto pedagógico para aquel que no había entendido la consigna, sacó inmediatamente un pañuelo algo arrugado que además, daba cuenta que había vivido algunas batallas y lo comenzó a revolear. Para esta altura, los invitados no sabían si reír o llorar.

La gente se sintió contenta y satisfecha con la selección de temas que el cantante había intentado interpretar. Todos quedaron chochos para cuando el escenario se vio desarmado y la fiesta siguió su curso: los novios habían contratado un show con costo "a convenir" y la gente revivió una época casi olvidada y bastardeada. Nicky, como tantos otros ex-El Club del Clan, pasan sus días entre eventos de gente desconocida, notas bizarras y el recuerdo pagano del éxito y la fama.

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